CUIDADOS DE UNA PERSONA ENCAMADA

 
Cambios posturales (boca arriba y a ambos lados) cada 3 ó 4 horas para alternar las zonas de presión (espalda, sacro, talones) y redistribuir el peso corporal con cojines y almohadas, evitando el contacto entre zonas duras (rodillas y tobillos). Una cama articulada (con o sin colchón antiescaras) facilita los cuidados, permitiendo incorporar al enfermo. Si se mantiene sentado se le puede levantar a un sillón unas horas. Estas medidas tratan de proteger las zonas de piel más vulnerables, aunque a veces no es posible evitar y curar las úlceras de decúbito (escaras).
Piel limpia y seca, especialmente entre los dedos, articulaciones y pliegues (mamas, ingles, glúteos), evitando malos olores, irritaciones e infecciones (hongos) a tratar con pomadas específicas.
Masajes en todo el cuerpo, especialmente zonas de apoyo, para estimular la circulación (crema hidratante en la yema de los dedos aplicando presión en pequeños círculos), masaje en los pies y piernas favoreciendo la movilidad y la circulación de retorno (desde las extremidades al corazón). Friegas de alcohol.
Higiene del cuerpo lavándolo en la cama con jabón e hidratación de la piel con crema o aceite (avena, almendras...). Utilizar las sábanas para desplazar el cuerpo (que no roce), cambiar las sábanas a diario, utilizando pañales y empapadores que aislen el colchón, sin arrugas ni pliegues.
 
Higiene bucal con un antiséptico (clorhexidina), agua con bicarbonato, agua oxigenada diluída o zumo de limón, cepillar los dientes y la lengua suavemente, limpiar la boca de restos con una gasa húmeda y el dedo protegido con un guante. Placas amarillentas sobre la lengua pueden ser hongos (candidiasis).
Hidratar la boca con saliva artificial (farmacia) o manzanilla con limón (en spray si no traga). Cuando respire con la boca abierta humidificar el aire y refrescar el paladar con el spray.
Proteger los labios con vaselina.
Limpiar los ojos con suero fisiológico o manzanilla, usar lágrimas artificiales o un colirio antiinflamatorio si están irritados (rojos).
 
Alimentación. Al final de la vida, cuando un enfermo está muy débil no tiene apetito, su cuerpo se prepara para lo que va a venir y deja de comer de forma natural. Primero aparece disfagia (dificultad para tragar) a líquidos (no los puede impulsar al fondo de la boca para iniciar la deglución, reteniéndolos en la boca), por lo que se les debe incorporar modificando la consistencia de lo que se les ofrece con espesantes. La comida no debe ser una dificultad añadida para el enfermo o el cuidador, sino un momento grato en el que experimentar sabores agradables (dulces): gelatinas, yogur, flan, natillas, helado, cubitos de zumo, uvas, sandía, etc. Ofrecer con frecuencia sin cantidades ni horarios fijos, que sea el enfermo el que decida cuándo y cuánto toma por boca. En un proceso avanzado, el objetivo no es que el enfermo coma, sino que esté lo más a gusto que nos sea posible hasta el final.
 
Dificultades de comunicación: A través de los sentidos (el tacto, el gusto, el olfato, el oído y la vista) podemos ir más allá de las palabras, más allá del pensamiento y acceder a zonas más profundas donde habitan emociones. Se tratar de mimar a la persona enferma, creando un ambiente especial, tranquilo y agradable, transmitiendo nuestros sentimientos con recursos sencillos como la caricia, el aroma (con aceites esenciales de tomillo, manzanilla, lavanda, romero, etc.), la música, la luz... Organizaremos los cuidados para que no recaigan sobre una sola persona, cuidando primorosamente todos los detalles, los ruidos, las visitas, la habitación, los colores, para que el enfermo perciba, incluso sin hablar, un entorno de ternura en el que morir en paz se haga una realidad fácil de alcanzar.
 
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