Un bel morir, tutta una vita honora
/ Un buen morir honra toda una vida
(Petrarca)
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Morir bien no depende tanto de dónde, sino de cómo. Para Morir
en Casa lo más importante es "que te quieran". En este caso, con un
poco de ayuda, el proceso de morir debe transcurrir con armonía y serenidad.
En el domicilio todo es más humano y más gratificante que en el
hospital. El enfermo deja de ser "el paciente número tal" y su familia
"una visita" en un medio extraño, a veces hostil, recuperando su
biografía, su entorno natural, su intimidad. Volver a casa, quedarse
en casa, es una experiencia dura y liberadora, una opción -nunca una
obligación "por falta de camas"- alternativa a la muerte tecnológica
del hospital.
En casa los cuidados deben ser sencillos. Detalles como la decoración,
el color, la luz, el olor, el ruido de la convivencia, las visitas de seres
queridos, los horarios, cobran especial importancia, ayudando a
mitigar el dolor y mejorar el bienestar físico y psíquico del enfermo y
familia.
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Cuidar es física y emocionalmente costoso, una tarea hermosa y
comprometida que exige tanto amor como valor para llevarla a cabo,
una experiencia muy satisfactoria cuando se comparte el propósito
último de los cuidados paliativos: morir en paz.
A pesar de las moletias en el domicilio es posible la armonía y que
la familia se sienta orgullosa por el deber cumplido: haber estado ahí
hasta el final, evitando todo el sufrimiento innecesario.
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Cuidados de una persona encamada
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