LA SEDACIÓN TERMINAL: El SUEÑO NECESARIO

La sedación terminal es inducir el sueño a un enfermo con sufrimiento irreversible que no se alivia con otras medidas de manera satisfactoria, prolongándolo hasta su fallecimiento.
La sedación pretende que la muerte llegue de forma serena, sin angustia ni dolor, sin molestias desagradables como el ahogo o la agitación, sin "ruidos". La muerte tranquila, la muerte dulce, en ocasiones puede ser un regalo del destino, producto del azar o toda una suerte cuando se padece una enfermedad avanzada protagonizada por el sufrimiento, el deterioro, la debilidad, la dependencia...
La agonía es un estado clínico terminal que aparece horas o días antes del fallecimiento, caracterizado por unos signos que anuncian que el fin está próximo (la actividad sensorial decrece, los músculos se relajan, el enfermo cae en postración, con una expresión peculiar: cara alargada, mandíbula inferior caída, ojos hundidos, nariz afiliada ). Con frecuencia hay una gran dificultad respiratoria (disnea severa o asfixia jadeante) y una mirada de miedo, incertidumbre o desesperación que impresiona de sufrimiento. Finalmente los movimientos respiratorios, poco frecuentes y superficiales, adoptan un ritmo creciente y decreciente con pausas de apnea (Cheyne-Stokes), con un estertor agónico (flemas), ruidoso, que se percibe a distancia. El pulso apenas se siente, no se palpa el latido y no hay tensión. El enfermo está agónico y va a dejar de existir, muriendo en ocasiones extenuados. Salvo por expreso deseo, nadie debería morir así.
Supervivencia o dignidad.
El objetivo de los cuidados paliativos no es la supervivencia del enfermo, sino que viva el final con dignidad, aliviando sus molestias, apoyando emocionalmente a enfermo y familia hasta el último instante para que el proceso de morir transcurra para todos con el menor daño posible.
La finalidad última es la muerte digna, la muerte en paz, evitando todas aquellas medidas de soporte vital que prolongan la vida sin mejorar el bienestar. La sedación es una herramienta más, el último recurso para una buena muerte, necesaria para aliviar los síntomas del periodo de agonía.
Evitar la sedación por temor a que adelante la muerte, permitiendo una agonía sin una medicación adecuada, es un acto maleficente, porque lo importante no es si la sedación adelanta o atrasa la muerte, sino su necesidad para aliviar a un ser humano que sufre el final de su vida.
La medicina del siglo XXI tiene dos objetivos de la misma magnitud: ayuda a vivir y ayudar a morir cuando el fin es inevitable. La disyuntiva vida/muerte es un dilema falso, en realidad se trata de un problema (cómo ayudar a un moribundo a morir en paz) cuya solución, en la mayoría de los casos, son los cuidados paliativos y la sedación.
Voluntad y sufrimiento: requisitos de la sedación.
Como cualquier otra intervención médica la sedación requiere que enfermo-familia estén informados, que conozcan lo que se está haciendo y cuáles son las alternativas para aliviar una situación que ellos viven como insoportable, tomando las decisiones con el equipo médico con suficiente antelación. El documento de instrucciones previas o testamento vital es el mejor medio para expresar la voluntad anticipada de un enfermo.
¿Sufre un enfermo sedado?
Al disminuir su conciencia el enfermo no es consciente de su agonía y aparentemente no sufre. Hay preguntas que la medicina no puede responder (dónde reside la vida espiritual, dónde está el "alma"), pero de esta forma la muerte llega como de puntillas. Hasta donde sabemos morir sedado es lo mejor que podemos procurar a un ser moribundo.
La sedación es un procedimiento sencillo, que se puede realizar en el ámbito domiciliario con una "palomilla" subcutánea fijada en la piel con esparadrapo por la que se administran los fármacos necesarios (dórmicum (R), morfina, buscapina (R), etc. ).

 
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